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REFLEXIONES

Enero 11 de 2026 Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo A

Lecturas del día

  • Isaίas 42, 1-4. 6-7.
  • Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10.
  • Hechos 10, 34-38.
  • Mateo 3, 13-17.

Saludo fraterno, familia y amigos.

Este domingo termina oficialmente en la liturgia el tiempo de Navidad. ¿Qué significa para nosotros celebrar el bautismo de Jesús? ¿Por qué lo celebramos apenas dos semanas y unos días después de la Navidad?

 

Los invito a pensar en lo siguiente: En la liturgia de la Iglesia tenemos para las celebraciones dominicales tres ciclos litúrgicos, A, B y C. En cada uno de estos años contemplamos “toda” la vida de Jesus, celebramos “completamente” sus misterios, que son los misterios de nuestra salvación.

 

Podemos identificar tres de ellos como un solo grupo: El Nacimiento, la Epifania y el Bautismo del Señor; momentos en los cuales Dios se manifiesta a los hombres a través de su Hijo, y nos lo manifiesta como el Enviado, el Salvador, el Elegido; en Él, Dios nos anuncia no solo su salvación, sino que por su Hijo nos reconoce también como hijos suyos, nos hace parte de su Reino y nos llama a una conversión permanente, como respuesta a la salvación ofrecida a la humanidad.

 

Jesús, al asumir nuestra condición humana, se solidariza con el pecador, con cada uno de nosotros, precisamente, para redimirnos del pecado y llevarnos a la nueva condición humana que se nos regala, el ser hijos de Dios en el Hijo; además, Dios Padre nos revela que en su Hijo se cumple el ideal moral de su ley, es a quien debemos escuchar, seguir y amar, hasta dar la vida por Él.

 

Dios nos conceda su gracia para que podamos profundizar su Palabra; meditar y contemplar los misterios de salvación que Él mismo nos ha revelado; esforzarnos de manera continúa en el vivir como hijos suyos y ser testigos de su amor con nuestra vida en medio del mundo. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.