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REFLEXIONES

Enero 25 de 2026 III Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

Lecturas del día

  • Isaías 8, 23b–9, 3.
  • Salmo 26, 1. 4. 13-14.
  • 1 Corintios 1, 10-13. 17.
  • Mateo 4, 12-23.

Saludo fraterno, familia y amigos.

La 1ª. lectura de hoy la vemos cumplida en Cristo, y el mismo evangelista nos presenta en su relato el texto del Antiguo Testamento. Las tinieblas y la sombra de la muerte se habían introducido en el mundo a consecuencia del Maligno; la humanidad caminaba en medio de esa realidad, pero una luz se enciende para siempre; es la salvación que Dios regala a los hombres para rescatarlos definitivamente de esa destrucción espiritual y material. 

 

Dios nos llama en su Hijo Jesucristo a la conversión, “porque está cerca el Reino de los cielos”. Dado que Dios nos llama a la plenitud en su Hijo, no es una llamada que podamos agotar en algún aspecto de la vida, o en la singularidad de alguna dimensión del ser humano. Nos invita por tanto, a una respuesta permanente, a un descubrir continuo de nuevos caminos hacia esa plenitud en la vida del hombre, de la pareja, la familia, la Iglesia, la sociedad, etc.

 

Parte de esa llamada, es a la búsqueda y construcción permanente de la unidad (2ª. lectura). ¡Cuán difícil es la unidad! Pensemos en la unidad primaria del corazón, muchas veces dividido por tantos pensamientos, sentimientos, circunstancias, decisiones, errores, etc., que hacen de esa tarea un verdadero reto para la vida humana y cristiana.

 

Dios, por el bautismo, nos ha hecho partícipes de la Resurrección de su Hijo, nos ha santificado y dado su gracia para que nos pongamos en camino de respuesta a esa llamada. Cuando vamos creciendo en esa unidad, vamos creciendo en el camino de la santidad, que Dios ya nos ha regalado.

 

Pensemos ahora en la pareja, en la familia. ¡Cuán difícil también la unidad familiar! Pero cuando vamos creciendo individualmente en la unidad interior crecemos también en la unidad de pareja, familiar, eclesial y social. Esta unidad, lógicamente, construida en torno a Cristo, a su Evangelio, su Reino, sus valores, su Palabra. Es un despojarnos de intereses egoístas, de pretensiones humanas, buscando siempre la vivencia del amor al otro como a nosotros mismos.

 

Dios nos conceda su gracia para que tambien nosotros, como los cuatro primeros apóstoles que nos presenta hoy el Evangelio, dejemos atras nuestras redes, barcas, pretensiones y seguridades humanas que nos atan, nos dividen y podamos caminar en ese seguimiento de Cristo, en una vivencia de la unidad y respuesta a Dios hacia la plenitud a la que nos invita para siempre. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

Mateo 4, 12-23

 

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.