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REFLEXIONES

Febrero 01 de 2026 IV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

Lecturas del día

  • Sofonías 2, 3; 3, 12-13.
  • Salmo 145, 7. 8-9a. 9-bc-10.
  • 1 Corintios 1, 26-31.
  • Mateo 5, 1-12a.

Saludo fraterno, familia y amigos.

Tenemos en el Evangelio de hoy uno de los elementos centrales del seguimiento de Cristo, el texto conocido como “Las bienaventuranzas”, ubicado dentro del contexto del sermón de la montaña en los capítulos 5 al 7 de San Mateo. 

 

Es un texto que refleja la compasión y la misericordia de Dios por la humanidad, por los que sufren, los marginados, los perseguidos, los despreciados del mundo. A su vez, debemos tener presente algo: no es un sufrir por cosas naturales de la vida, ni por una mala decisión, ni perseguidos por la justicia como en una película policíaca, ni rechazados por ser desaseados o insolentes.

 

Las bienaventuranzas debemos entenderlas en el contexto propio, o la razón de esas circunstancias que, sin la fe, las veríamos como “negativas” o “adversas”. Por ello necesitamos hacer la meditación, interpretación y discernimiento de la Palabra, para comprender de una manera más profunda aquello que nos anuncia nuestro Señor. 

 

No es objetivo de este espacio, ni tampoco lo pretendemos, ni lo alcanzaríamos; el intentar explicar cada una de las bienaventuranzas. Pero, por ejemplo, la traducción “bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia”, no hace referencia a lo que mencionamos renglones arriba. Otra traducción nos acerca un poco más al concepto “justicia” en el contexto del pueblo de Israel: “Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios; los perseguidos por hacer la voluntad de Dios”. Aquí entendemos más claramente algo que hemos compartido: Los profetas mueren a piedra. Jesús entonces nos anuncia la felicidad que viene por la búsqueda de su justicia (su voluntad); no la justicia del hombre o del mundo, que muchas veces tiene poco que ver con la voluntad de Dios.

 

Jesús nos invita a poner nuestra confianza solamente en Dios Padre, en su Palabra, en sus promesas, en su Providencia. Es una invitación a vivir cada aspecto de nuestra vida y circunstancias buscando su voluntad. Él es fiel.

 

Trabajemos en primer lugar por la paz en nuestro corazón, así llevaremos paz a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestra familia, “Dichosos”, dice el Señor. La felicidad que Jesús nos anuncia en este texto inicia en esta vida, en el corazón, en el silencio de la oración en nuestra intimidad con Él; felicidad que tiene su plenitud en la eternidad, junto a Él.

 

Pidamos su gracia para que nuestra confianza este solamente en Él, no en los bienes materiales; para que, si nos persiguen, sea por ser honestos, francos, porque no toleramos el robo; porque ayudamos y servimos al que nos necesita; porque buscamos un camino de conversión y regreso a Él. Su gracia nos fortalezca para trabajar por la paz en nuestro corazón y por su Reino en medio del mundo. Amén. 

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

 

Mateo 5, 1-12a

 

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

“Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.