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REFLEXIONES

Marzo 15 de 2026 IV Domingo de Cuaresma

Lecturas del día

    • 1 Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a.
    • Salmo 22, 1-3a, 3b-4. 5. 6.
    • Efesios 5, 8-14.
    • Juan 9, 1-41.

Saludo fraterno, familia y amigos.

La 1ª. lectura de hoy nos regala una enseñanza muy hermosa, no solo de la manera de “obrar” y “mirar” de Dios, sino también una tarea e ideal para nuestro diario caminar en la vida: ver más allá; “El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. También nosotros estamos llamados a no quedarnos en las apariencias, en lo externo, en lo que aparece a nuestros ojos, sino ver el corazón; es superar la superficialidad, el materialismo, la vanalidad que muchas veces el mundo nos presenta como la única manera válida de vivir y ver la realidad.

 

En el trajinar de la vida, nos encontramos a veces en medio del cansancio de las circunstancias de nuestra propia historia, situaciones que llegan a hacernos dudar del sentido de muchas realidades de la existencia. En ese contexto podemos contemplar este famoso salmo de hoy, mencionado como “El Señor es mi pastor”; en Él, nada nos falta, encontramos nuestro descanso, camina a nuestro lado aunque solo percibamos oscuridad, su presencia es la que realmente nos tranquiliza; no solamente nos regala su victoria sino que Él mismo prepara la mesa para celebrar; es su presencia de bondad y misericordia por siempre. Un salmo lleno no solo de esperanza para el hombre, sino también de amor, compasión y presencia de Dios en nuestro camino. Es realmente un bálsamo para el corazón, a veces agobiado por los vaivenes de la existencia.

 

Podemos interpretar el evangelio de hoy como una catequesis sobre el bautismo; el pecado nos sumerge en las tinieblas del error, del egoísmo, el orgullo, la envidia, la avaricia, etc.; Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos ha revelado su Palabra: luz en las tinieblas; su Hijo Jesucristo es la luz del mundo que desvanece toda oscuridad; por el bautismo nos une a su victoria y nos comunica la vida, la luz eterna.

 

Por la cuaresma y los diferentes elementos celebrativos que la constituyen, así como por el sacramento de la reconciliación, Dios nos renueva en nuestra vida cristiana  (2ª lectura). ¿Qué significa eso? En su Palabra, en su Hijo Jesucristo, en la cuaresma y lo antes mencionado, Dios revive nuestra condición de hijos que nos regaló por el bautismo; nos recuerda que también nos ha ungido (1ª. lectura), y todo lo que ello significa. Nos renueva su gracia para ver más allá de las apariencias, de las realidades temporales, superar el materialismo, escudriñar su voluntad para nuestra vida, nuestra pareja, la familia, el trabajo, etc. 

 

“Revélame quién eres Señor, para creer en ti. Quiero verte cada día, escucharte, saber de tu Evangelio, de tu amor, de tu luz y de tu redención eterna. Creo Señor, me postro ante ti… Creo” (Juan 9,36-38). Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

 

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. 

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.