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REFLEXIONES

Abril 12 de 2026 II Domingo de Pascua

Lecturas del día

  • Hechos 2, 42-47.
  • Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a.
  • 1 Pedro 1, 3-9.
  • Juan 20, 19-31.

Saludo fraterno, familia y amigos.

Siempre me gusta hacer preguntas a quienes asisten a charlas presacramentales o de formación, no porque quiera incomodar a los participantes sino porque pienso que necesitamos crecer más y más en la reflexión y la búsqueda de la verdad en el camino de la fe; es parte del llamado que el Señor nos hace, a ser también discípulos de la Verdad. 

 

Desafortunadamente, hemos percibido de manera difuminada que la salvación que Dios nos regala es una realidad para después de la muerte, una realidad sin mayores consecuencias para nuestra vida cotidiana; ni personal, ni familiar, ni social. Nada más lejos de la realidad.

 

En este domingo aparece de manera clara este hilo conductor en las tres lecturas: La salvación es para nosotros, hoy, realidad que quiere actuar en nuestro diario acontecer, desde lo mas íntimo y profundo de nuestro corazón hasta los confines del mundo. Salvación que se desarrolla eminentemente con la respuesta libre del hombre a Dios.  

 

En las tres lecturas aparece, casi que a manera de conclusión de un proceso de evangelización, de fe, de seguimiento de Cristo:

  • “Por su parte, el Señor cada día agregaba al grupo de los creyentes aquellos que aceptaban la salvación”. (Hechos 2,47).
  • “… así recibirán la salvación, que es la meta de su fe” (1 Pedro1,9).
  • “Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su Nombre” (Juan 20,31).

 

Podemos ver a Tomás, en un primer momento, como el discípulo incrédulo y pragmático; pero también como al discípulo que ha amado y seguido al Maestro, que no quiere ver defraudado su corazón por un anuncio que le parece “de no creer”; quiere tener esa experiencia personal con el Señor, no solo de oídos. Al final, Jesús le reprochará su ceguera ante los años que habían compartido, todo de lo que había sido testigo, pero sobre todo, su ceguera ante el amor, crucificado por la salvación del mundo. Tomás hará su humilde confesión ante el Maestro: “Señor mío y Dios mío”.  

 

Pidamos a Dios la gracia de escuchar su Palabra con un corazón abierto, agradecido, desarmado; es así como se desarrolla la fe; la gracia de responder generosamente a su Hijo Jesucristo, porque también anhelamos su salvación en nuestra vida y ser protagonistas de esa bienaventuranza: “Dichosos los que no han visto y han creído”. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 20,  19 – 31

 

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.