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REFLEXIONES

Mayo 17 de 2026 Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Lecturas del día

  • Hechos 1, 1-11.
  • Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9.
  • Efesios 1, 17-23.
  • Mateo 28, 16-20.

Saludo fraterno, familia y amigos.

¿Cómo comprender de una manera un poco más profunda el misterio que celebramos en este Domingo, la Ascensión del Señor?

 

Podemos empezar por contemplar la Encarnación del Hijo de Dios, que se abajó, se humilló, como lo dice el Apóstol Pablo en ese himno cristológico; esa dimensión de bajar del cielo para hacerse uno de nosotros es, lógicamente, en orden a la salvación de la humanidad. Ese descenso, como lo decimos también en el credo, fue hasta lo profundo de la muerte, “descendió a los infiernos”.

 

Ahora bien, ese abajamiento del Hijo de Dios es precisamente para rescatar, redimir a la humanidad de su situación caída y elevarse de nuevo, regresar al “lugar” de donde vino. Una de las consecuencias de la Encarnación de Jesús, es que nos “lleva” también con Él de regreso al Padre, nos “diviniza”, nos da la esperanza cierta que un día, también nosotros seremos glorificados junto con Él; estaremos también en su gloria de Resucitado para siempre.

 

El estado, la realidad de esa situación gloriosa, es algo que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha conquistado para siempre por el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección; pero a la vez es una realidad a la que NO se llega de manera automática; somos precisamente llamados, discípulos del Maestro para seguir su camino, ser testigos de su Reino eterno, vivir el Evangelio y todo lo que ello implica y significa.

 

No es gratuito que en el Evangelio de hoy el orden sea precisamente ese:

 

  • “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones,
  • bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
  • y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado;
  • y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

 

Lo primero es la enseñanza, el anuncio del Evangelio, la fe; luego, los sacramentos, en este caso el bautismo; pero esa vivencia del bautismo implica “cumplir”, “vivir” -valga la redundancia- todo lo que Jesús nos ha mandado; es un unirnos a su misterio pascual, es caminar en la fe con Él a nuestro lado, como nos lo prometió, para que muriendo por Él y con Él, lleguemos también a ser participes de su Ascensión a los cielos. Amén.

 

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Miguel Angel Cortes

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 28, 16 – 20

Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado, y cuando lo vieron, lo adoraron. Pero algunos dudaban. Jesús se acercó y les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» Amén.