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REFLEXIONES

Mayo 31 de 2026 Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Lecturas del día

  • Éxodo 34, 4b-6. 8-9.
  • Salmo Responsorial: Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56.
  • 2 Corintios 13, 11-13.
  • Juan 3, 16-18.

Saludo fraterno, familia y amigos.

Muchas veces nos pueden parecer atractivas vivencias de fe no cristianas, bajo líneas de meditación “ascendente”, en donde el hombre busca por diversos medios las causas del sufrimiento para, encontrándolas, evadirlo o eludirlo; ese “ascender” es también con el fin de llegar a una “iluminación”, en la cual pareciera el hombre encuentra el sentido de la vida y la propia salvación.

 

Nada más lejos de la realidad salvadora que Dios Padre nos ha regalado por amor.

 

Es precisamente todo lo contrario. El Dios de la Biblia es quien se revela al hombre, se “abaja” y se muestra, Dios “compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel” (1ª. lectura). Es Moisés, mediador en la antigua alianza, quien suplica a Dios: “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya”.

 

Dios se hizo tan cercano al hombre que se hizo uno de nosotros, para rescatarnos de manera plena y definitiva de todo lo que nos impide ser más humanos, más divinos, más hijos suyos. Se hizo tan cercano que incluso experimentó la muerte; es por eso que en el credo confesamos que “bajó a los infiernos”, es decir, “Jesús, conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos”. (CIC 632). 

 

La salvación que Dios nos ha regalado por amor sigue adelante en el caminar de la historia y de la humanidad. No solamente el Resucitado camina con nosotros, su Espiritu se nos ha dado para ser sus testigos en medio del mundo, para fortalecernos en su seguimiento, para renovarnos en nuestra vida cristiana, cuando fallamos, cuando se debilita nuestra esperanza, cuando se rompe la fraternidad, cuando las penas nos abruman y sentimos que la barca se hunde.

 

No es mérito nuestro la salvación, no es un logro que inicie en el hombre y lo conquiste por sí solo, NO!

Dios Padre nos ha creado por amor, Dios Hijo nos ha redimido y Dios Espíritu nos santifica. Es el camino al que Dios nos invita amorosamente, viniendo a nuestro encuentro, brindándonos su mano, mostrándonos el camino en su Hijo Jesucristo y regalándonos, en el Don del Espíritu, todo lo necesario para conocerlo, amarlo, seguirlo, vivirlo, y llegar a feliz puerto, la plenitud en la eternidad. Amén.

 

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Miguel Angel Cortes

 

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 3, 16-18

 

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.