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REFLEXIONES

Junio 7 de 2026 Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi).

Lecturas del día

  • Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a.
  • Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20.
  • 1 Corintios 10, 16-17.
  • Juan 6, 51-59.

Saludo fraterno, familia y amigos.

Un aspecto de la revelación de Dios a los hombres es que lo hace en la historia, en la de su pueblo, liberándolos de la esclavitud, en el caminar por el desierto, alimentándolos, saciando su sed en su travesía hacia la tierra prometida.

En todos estos momentos el pueblo ha experimentado la presencia salvadora de Dios. Sin embargo, está la tentación de olvidar esa presencia amorosa y terminar en un “vivir sin Él” o en un pensar que todo lo que han logrado ha sido por el pueblo mismo. Es hermosa la exhortación de la 1ª. lectura en la que Moisés invita al pueblo: “Recuerda…” todos los momentos en los que Dios ha estado de tu lado, sosteniéndote, salvándote, acompañándote, renovando tus fuerzas.

Pero Dios nos ha amado tanto que su salvación va más allá de esas situaciones físicas mencionadas en la 1ª. lectura; se hizo además tan cercano a nosotros que se hizo uno de nosotros, se encarnó en su Hijo Jesucristo, se hizo hombre para revelarnos plenamente su amor y su salvación, que va más allá de lo físico, su salvación trasciende nuestra historia. ¡Qué hermosa verdad de nuestra fe!

Demos un paso más. Jesús, no solamente viene a revelarnos plenamente al Padre y su amor eterno, no solamente viene a regalarnos la salvación sino que además se nos da como alimento; y es en dos dimensiones: Su Palabra y su Cuerpo y Sangre; para la vida y salvación del mundo.

Muchas veces habremos experimentado el cansancio de la vida y tomamos nuestra Biblia para leer algún pasaje; muy seguramente el texto que hayamos leído ha renovado nuestro corazón, nuestra alma hasta las lágrimas, es el alimento de la Palabra de Dios que nos renueva, consuela, guía, fortalece y salva.

No es causalidad que la celebración Eucarística tenga como gran primer momento la Liturgia de la Palabra, pues porque existe la Palabra, existe la Eucaristía; es la Palabra la que confecciona la Eucaristía, no al revés. Si en nuestra vida primero no escuchamos, ni conocemos, ni meditamos, ni oramos la Palabra, el pan Eucarístico no nos dirá mucho, no tendrá mayor significado, ya que es el sacramento en el que “vemos” por la fe, lo que contiene y nos transmite la Palabra.

Dios nos renueve siempre con su Palabra, para que alimentados y fortalecidos en el camino de la fe, reconozcamos siempre su presencia salvadora en nuestra historia y “recordemos” (1ª. lectura) todo lo que Él ha obrado en nuestro propio caminar hacia la Patria eterna. Después, al unirnos como comunidad para celebrar el Sacrificio Eucarístico y recibir su Cuerpo, experimentaremos el consuelo que realmente sacia nuestro corazón de esa esperanza cierta que Él nos regaló para siempre: “E1 que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.

Amén.

 

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Miguel Angel Cortes

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Marcos  12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.