REFLEXIONES
Julio 5 de 2026 XIV Domingo Ordinario. Ciclo A.
Lecturas del día
- Zacarías 9, 9-10.
- Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14.
- Romanos 8, 9. 11-13.
- Mateo 11, 25-30.
Saludo fraterno, familia y amigos.
Existe en el hombre una dualidad que pareciera antagónica: la carne y el espíritu. Es una realidad presente en la reflexión misma que ha atravesado la historia de la salvación; así como la historia de la teología, la doctrina de la Iglesia y la vivencia de la llamada a la santidad a través de los siglos.
San Pablo nos habla en la 2ª. lectura de la carne y el espíritu, recordándonos que hemos sido justificados, dejados en condiciones para una vida según los valores del Reino, según el Espíritu de Dios, una vida no guiada ni dominada por las apetencias de la carne herida por el pecado, sino guiados por el Espíritu de Dios que se nos ha dado; Espíritu que transforma toda realidad, que hace parte de la justificación del creyente y que lo capacita para vivir esa nueva realidad en el Espíritu.
Es el combate espiritual del creyente que terminará estrictamente con la muerte natural. La vida en el Espíritu proyecta lo que será el destino definitivo del hombre después la muerte: la vida o la muerte eterna. Es conocido el texto de Pablo a los Gálatas (5,16-26) en donde también hace el llamado a vivir según el Espíritu.
No es que la carne sea mala y el espíritu no. Es la totalidad de la acción salvadora de Dios en el creyente la que redime también la carne, pues, es en la dimensión material del hombre en donde se manifiesta la semilla del Reino, la fuerza del Espíritu y sus obras.
Es la manera como se va desarrollando el Reino de Dios y su acción salvadora en la historia y en la humanidad. Es una camino al que solo se puede acceder por la fe, por la sencillez y la humildad del corazón, como nos lo dice Jesús en su evangelio hoy. Solamente por este camino es posible acercarnos a la revelación y aceptación de la salvación que Dios nos regala en su Hijo Jesucristo.
Dios nos conceda su gracia para que podamos crecer cada día más en los valores de su Reino, la gracia de un corazón sencillo, humilde, creyente, abierto a su amor. La santidad no la vivimos ni ajenos al mundo, ni fuera de nuestra condición “carnal”, mortal; sino que una asume a la otra en orden a la salvación de nuestra total condición humana.
Tu gracia Señor oriente toda nuestra vida y guie nuestra historia, para que en medio de ella vivamos tu Evangelio, los valores de tu Reino y gocemos de tu salvación hasta tu plenitud en la eternidad. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.