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REFLEXIONES

Agosto 30 de 2026 XXII Domingo Ordinario. Ciclo A.

Lecturas del día

  • Jeremίas 20, 7-9.
  • Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9.
  • Romanos 12, 1-2.
  • Mateo 16, 21-27.

Saludo fraterno, familia y amigos.

La 1ª. lectura nos presenta el “conflicto” interior de Jeremías que, siendo un hombre amante de la paz, se ve “forzado” por Dios a anunciar realidades totalmente contrarias a lo que él lleva y ama en su corazón. La Palabra es un fuego interior que lo quema, lo seduce, lo lleva a cumplir con la misión que Dios le encomienda en medio de su pueblo.

 

Podemos pensar que ese fuego, esa transformación interior se dio solamente en grandes protagonistas de la Biblia, pero no hay tal. Todos somos llamados por Dios, por una razón muy sencilla: todos somos amados; y porque todos somos amados, todos somos llamados.

 

Hemos escuchado y conocido las parábolas sobre la fuerza de la Palabra y el Reino de Dios en el corazón de los hombres.

 

Dios, quien nos creó con tantos dones, respeta profundamente uno de ellos: la libertad humana. No quiere decir que se haya desentendido del hombre y su salvación, en lo absoluto. Dios nos invita, nos llama y nos conquista para Él por la fuerza del amor, no hay otro camino.

 

En el Evangelio, Jesús anuncia su pasión, muerte y Resurrección. Es el camino de Dios, el camino de Jesús en la realización de la salvación de la humanidad; este camino es también el camino del amor. Jesús, da su vida, se entrega por amor. Será el poder del amor el que lo levantará de las ataduras de la muerte para siempre, conquistando para nosotros ese mismo destino.

 

La entrega de Cristo tiene unas consecuencias prácticas para la vida del discípulo. Ese es el culto agradable a Dios. Somos llamados a vivir esa respuesta con una vida como la describe el apóstol san Pablo en la 2ª. lectura. Parte de esa vivencia es negarnos a nosotros mismos, cargar con la cruz de Cristo y seguirlo. Es un perder la vida en el servicio, la entrega, el amor a los demás y a nosotros mismos, para recobrarla en plenitud en la Resurrección. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo

Mateo 16, 21 -27

 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”

Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras”.