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REFLEXIONES

Octubre 11 de 2026 XXVIII Domingo Ordinario. Ciclo A

Lecturas del día

  • Isaías 25, 6-10a.
  • Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6.
  • Filipenses 4, 12-14. 19-20.
  • Mateo 22, 1-14.

Saludo fraterno, familia y amigos.

A lo largo de la revelación bíblica aparecen muchas imágenes con respecto a la salvación que Dios ofrece a la humanidad; dos de ellas son: el banquete (1ª. lectura) y la boda. En el Evangelio de hoy aparecen unidas las dos imágenes, el banquete de bodas del hijo del rey.

 

Estas imágenes representan la salvación de Dios, obrando y obrada para la humanidad. ¿De qué salvación estamos hablando? Dios salva a la humanidad de todos sus oprobios y de todo aquello que causa aflicción y lágrimas: La idolatría, la enfermedad, la muerte.

 

En primer lugar fue llamado el pueblo de Israel; al rechazar esa salvación, se inicia de hecho la llamada a todos los pueblos a participar de este banquete de bodas; vivir y celebrar la redención que Dios regala a todos los hombres en su Hijo Jesucristo.

 

Desafortunadamente, lo he compartido algunas veces, hemos caído en ver la salvación como una realidad del pasado y como algo que sucederá en el futuro, algo así como al fin del mundo. A veces, de manera inconsciente celebramos la liturgia como un recuerdo, algo que paso, algo ajeno a nosotros, a mi vida y no como una acción de Dios que está obrando en mi historia personal, hoy.

 

La salvación que Dios nos ofrece, no es una realidad automática, ni mágica! Implica la respuesta activa del hombre en un camino de fe; su participación, su concurso y asistencia a esa convocatoria que Dios nos hace. Esencialmente esa respuesta es la vivencia del amor en cada dimensión de nuestra existencia, el traje de fiesta del que nos habla conclusivamente la parábola.  

 

Dios nos conceda la gracia de crecer en el camino de la fe para:

 

  • Reconocer la llamada que nos hace a la salvación y responderle de manera activa y concreta, día a día.
  • Poder ver su acción salvadora en mi vida, en mi familia, en mi historia personal, en el mundo; hoy y hacia una plenitud en el futuro.
  • Vivir el amor en las dimensiones de nuestra historia personal y social; de esta manera estar preparados para celebrar en la plenitud de su amor, cuando seamos llamados a su presencia después de la muerte. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 

Mateo 22, 1-14

 

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

»Cuando el rey entró para recibir a los invitados, notó que había un hombre que no estaba vestido apropiadamente para una boda. “Amigo —le preguntó—, ¿cómo es que estás aquí sin ropa de bodas?”. Pero el hombre no tuvo respuesta. Entonces el rey dijo a sus asistentes: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes”. »Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».