REFLEXIONES

Febrero 18 de 2024 I Domingo de Cuaresma Ciclo B

Saludo fraterno, familia y amigos.

Densas lecturas nos regala la liturgia de la Palabra para este primer domingo de cuaresma. Quisiera presentar dos conceptos antagónicos para entrar luego en el Evangelio de hoy.

 

El tema del pecado causa una ruptura del hombre con Dios, una ruptura del hombre consigo mismo, una ruptura de la fraternidad que afecta a la humanidad e incluso hiere las relaciones del hombre con la creación.

 

La salvación que Dios ofrece al hombre es una salvación de alcances insospechados por nosotros, “Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yahvé” (Isaías, 55, 8-10). Salvación que se fue “fijando” en etapas sucesivas a través de alianzas que Dios fue sellando con su creación, con Noe, con Abraham, con Moisés, con su Pueblo en el Sinaí.

 

La salvación de Dios al universo mismo, su creación, aparece hermosamente narrada en el texto del Génesis. Es la salvación que Dios va revelando también de manera progresiva, así como Él mismo se fue revelando progresivamente al hombre. Salvación que tendrá su culminación en la alianza eterna en su Hijo Jesucristo.

 

El Evangelio de hoy es una breve pero densísima catequesis (es el Evangelio de Marcos) con gigantescos conceptos y realidades de nuestra salvación. Jesús hace el anuncio del Reino de Dios, el anuncio de la misericordia, del perdón, para después llamar a la conversión y a la fe, a una respuesta a esa salvación ofrecida por Dios y presente ahora en el mundo.

 

Les invito para que reflexionemos en estos elementos, pero sobre todo en ese anuncio de Cristo. En ocasiones hacemos primero la insistencia en la conversión, en el cumplimiento de la ley, etc., pero Jesús en el Evangelio nos anuncia en primer lugar, el amor misericordioso e incondicional de Dios por cada uno de nosotros y el hombre al experimentar ese amor que es salvación, se pone en camino, un camino de fe, un camino que es respuesta existencial, vivencial, a su amor y su salvación.

 

En esta cuaresma, experimentemos el amor misericordioso de Dios por cada uno de nosotros, un amor que nos lleva de regreso a casa, nuestra verdadera casa, que es el amor de Dios para siempre. Allí, solo después de esa experiencia, se dará la conversión, el regreso a Dios, en una respuesta a un amor incondicional que jamás hubiéramos imaginado; hubo de ser anunciado y comprobado a través de la muerte del Justo por los impíos, por nosotros, para llevarnos a Dios. Es el camino que se nos indica. Amén.

 

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Miguel Angel Cortes