REFLEXIONES
Diciembre 14 de 2025 Tercer Domingo de Adviento. Ciclo A
Lecturas del día
- Isaίas 35, 1-6a. 10.
- Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10.
- Santiago 5, 7-10.
- Mateo 11, 2-11.
Saludo fraterno, familia y amigos.
El desierto, el yermo, el páramo y la estepa. Imágenes que nos presenta la 1ª. lectura de este domingo como escenario en el que se manifestará la salvación de Dios para los hombres. A la luz de la lógica humana, son sitios ásperos, vanos y sin muchas posibilidades frente a la vida, frente a un futuro. Lo decisivo no es la calidad o condiciones de estas áreas, lo decisivo y definitivo es la intervención de Dios que todo lo transforma, todo florece, todo lo hace nuevo. Donde Dios interviene renace la vida, reaparece la esperanza, se aclara el horizonte que indica un futuro incontenible de felicidad y alegría por la salvación ofrecida y operante.
La imagen de la naturaleza se traslada entonces a las realidades sin mucha esperanza de la humanidad: los ciegos, sordos, cojos, mudos, los de rodillas vacilantes, los cobardes de corazón. Es la realidad donde definitivamente Dios quiere actuar y donde es más propia la salvación ofrecida. Es por ello que el Evangelio nos muestra en esa dimensión, la respuesta de Cristo a la pregunta del Bautista a través de dos de sus discípulos: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.
La intervención de Dios se traduce en una transformación tan radical que es casi imposible de imaginar, como la paz increíble contemplada el domingo anterior o las realidades descritas en las lecturas de hoy.
En muchas ocasiones el corazón humano, aún del que se dice creyente, cae en una espiral de desesperanza, de pesimismo, de incredulidad, de negación; se sospecha, a la luz de la lógica humana, un horizonte sin futuro, sin posibilidades, sin vida. Es precisamente allí donde Dios invita a hacer el anuncio maravilloso de su intervención en la historia y la salvación que obra en cada realidad que le abre la puerta a su presencia.
Es el adviento un tiempo privilegiado de ese anuncio mesiánico y salvador; Dios interviene en la historia de una manera “inadmisible” a la luz de la lógica humana; pero es Él mismo quien viene al encuentro del hombre que sufre, del lisiado por las circunstancias de la vida y muchas veces de la misma sociedad; es Él mismo quien sana, redime, salva. Allí, el corazón, otrora un desierto, es ahora una fuente de agua, lugar de vida, florecido, con un horizonte sin final de alegría, gozo y plenitud. Ese anuncio es para nosotros, hoy; su salvación es también para esos parajes de nuestro corazón que anhelan redención y que se hace realidad en el niño que nace. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
Mateo 11, 2-11
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.