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REFLEXIONES

Diciembre 21 de 2025 Cuarto Domingo de Adviento. Ciclo A

Lecturas del día

  • Isaίas 7, 10-14.
  • Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6.
  • Romanos 1, 1-7.
  • Mateo 1, 18-24.

Saludo fraterno, familia y amigos.

La intervención salvadora de Dios en la historia del hombre, siempre ha sido y será increíblemente misteriosa, por caminos que no logramos imaginar, pero también con unas dimensiones que sobrepasan absolutamente nuestro pensar.

 

A pesar de sus caminos, Dios mantiene procesos muy humanos, salva con la colaboración de la libertad del hombre, redime NO de manera mágica, ni con un chasquido, como muchos esperan y quisieran; Dios quiere y espera la participación de hombre en la salvación que Él nos regala por gracia y por amor, pero que debemos también conquistar y vivir.

 

En las lecturas de hoy, escuchamos un signo y un anuncio: una doncella que está embarazada y dará a luz a un niño que trae la salvación de Dios, es más, su nombre indica esa realidad que para muchos parece inadmisible: “Emmanuel”, es decir, “Dios-con-nosotros”. Es Dios mismo quien viene, Él mismo, a salvarnos, a pastorear a su pueblo, la humanidad.   

 

En el niño que nace, Dios mismo se ofrece y se entrega a la humanidad, a cada hombre, con todo lo que ello significa: La salvación que se hace tan cercana que se hace uno de nosotros; el proyecto originario de Dios para el hombre se restablece de una vez para siempre; su gracia y santidad ofrecida a cada hombre pone su morada entre nosotros.

 

Todo este misterio solo es comprensible y aceptable a la luz de la fe y del amor; no existe otra manera. Solamente por la fe y el amor es que el hombre puede dar una verdadera y auténtica respuesta a la salvación que Dios ofrece, no de manera mágica, sino en procesos, por los que Dios siempre ha actuado; lo vemos desde la creación del mundo. 

 

Un hombre ilusionado con su prometida, una doncella, que sin haber convivido, se encuentra embarazada. Con el corazón quizás destrozado decide abandonarla a su suerte, en silencio, apesadumbrado, sin comprender por qué. Sin embargo, su corazón continua leal a la bondad; no va a denunciarla públicamente, podrían apedrearla; prefiere repudiarla en el silencio, donde Dios habla al corazón; y es precisamente Él quien le aclara todas sus dudas, y lo hace de una manera inimaginable, tendrá la misión de ser padre y protector del niño salvador, Dios con nosotros.

 

¡Que insondables caminos los de Dios! Una situación humana inaceptable, se ve transformada, por la fe y el amor, en la cuna donde nacerá y brillará la luz y la salvación para todos los pueblos.

 

La contemplación de estos misterios, nos permita prepararnos más y más para la celebración llena de alegría, gozo y esperanza de la Navidad; el nacimiento del Niño que es Dios y que lo hace para nuestra salvación, para llevarnos de regreso a casa. Amén.

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

Mateo 1, 18-24

 

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.