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REFLEXIONES

Enero 4 de 2026 Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Lecturas del día

  • Isaίas 60, 1-6.
  • Salmo 71, 2. 7-8. 10-11. 12-13.
  • Efesios 3, 2-3a. 5-6.
  • Mateo 2, 1-12.

Saludo fraterno, familia y amigos.

En muchos momentos de la historia del pueblo de Israel, se pensó que la salvación era solamente para ellos, los judíos. En los Evangelios podemos encontrar pasajes en donde constatamos también ese pensamiento: una salvación exclusivamente para el pueblo elegido por Dios, cerrada a los gentiles o llamados también paganos.

 

En esta solemnidad celebramos precisamente que Dios se manifiesta a todos los pueblos de la tierra en su Hijo Jesucristo. Los sabios de oriente, representan precisamente eso, a los pueblos paganos o gentiles; todos aquellos que no pertenecían al pueblo de Israel. Podemos pensar que simbolizan también a todo hombre de buena voluntad, a todo aquel que tiene un corazón abierto a Dios y a su mensaje de amor en el rey que nace.

 

Los regalos presentados al niño no son algo aleatorio; son el signo de una realidad: Por el oro reconocen en el niño a un rey, era el regalo propio entre reyes; de hecho el texto nos dice que los sabios se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”; por el incienso, elemento que se utiliza en el culto, reconocen al niño como Dios; incluso el texto nos repite que “cayendo de rodillas lo adoraron”; por la mirra se anuncia el misterio de su muerte, pues era utilizada en el embalsamamiento de  los cuerpos para su sepultura.

 

Está el signo de la estrella, que es también signo de la luz que disipa las tinieblas de la humanidad; el rey que nace es luz de las naciones, como lo expresa Simeón con el niño en sus brazos.

 

De manera concluyente, podemos releer y meditar el texto de la 2ª. lectura, Efesios 3, 2-3a. 5-6, en donde San Pablo de una manera clara y hermosa manifiesta “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. Atención:

  • Coherederos: reciben la misma herencia, también son (somos) hijos de Dios.
  • Son miembros también del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
  • Participan de la Promesa en Jesucristo, la promesa de la Salvación, del Reino de Dios, del perdón de los pecados, etc. (cfr. Credo).
  • Por el Evangelio, es decir, por la aceptación del mismo, por la fe en Jesucristo. Pienso en el Prólogo de San Juan, 1,12 “A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos de Dios”; además, Juan 3, 16-17.

 

Llenémonos también de esta inmensa alegría: una luz inagotable brilla ahora para siempre y disipa las tinieblas del mundo; vayamos al encuentro de este niño que ha nacido; reconozcamos en Él a nuestro Rey, al Rey de reyes; adorémoslo porque es nuestro Dios y Salvador; el misterio de su muerte y resurrección nos concede participar por la fe, también de su victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. 

 

¡Que gran manifestación de Dios a todos nosotros, a todos los pueblos; que gran fuente inagotable de alegría y paz para nuestro corazón! ¡¡Feliz Epifanía!!

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Miguel Angel Cortes

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

Mateo 2, 1-12

 

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.