REFLEXIONES
Junio 14 de 2026 XI Domingo Ordinario.
Lecturas del día
- Éxodo 19, 2-6a.
- Salmo 99, 2. 3. 5.
- Romanos 5, 6-11.
- Mateo 9, 36—10, 8.
Saludo fraterno, familia y amigos.
Desde la creación, Dios nos ha revelado su amor para siempre en una cadena interminable de acontecimientos y hechos que han tenido un culmen: La entrega de Cristo, el justo por excelencia, por nosotros, siendo pecadores (2ª. lectura).
Dios se revela al hombre, a su pueblo, e invita a escuchar su voz, vivir su alianza; bajo esos parámetros Dios hace de su pueblo, una propiedad con una misión: Rendirle culto en medio de las naciones con una vida en santidad.
El Evangelio nos muestra una escena recurrente en donde Jesús ve la muchedumbre, el gentío, y ante ellos siente compasión. Es la compasión y la misericordia de Dios por el hombre, por la humanidad, las gentes, “porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor»” (9,36).
Ante este horizonte Jesús llama a los Doce y los envía; serán ellos quienes prolonguen la misión de Cristo en medio del mundo, no solo con su Palabra sino también con su vida y sus signos en favor de cualquier “extenuado y abandonado”.
Es necesario que cada día abramos más y más el horizonte, no solo de la llamada sino también de la misión en el mundo. Todos somos llamados porque todos somos amados y todos, por nuestra condición bautismal, somos enviados a llevar esa misión salvadora de Cristo en medio del mundo.
Ahora bien, la instrucción “Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, den gratis” (10,8) es una tarea que también debemos ampliar al máximo en la misión. Muchas veces se piensa que es algo que sucede solamente al interior de una Iglesia o solamente de dimensiones espirituales. Todo aquello que se opone a Dios y su Reino es una lepra, todo aquello que somete al hombre es un espíritu inmundo, todo lo que es delincuencia significa muerte, así como toda negación a amar es como estar muerto en vida.
Mirando así las cosas, la tarea es gigantesca y está por hacerse: la mentira, la envidia, el odio, el resentimiento, la pereza, el robo, la corrupción, el hambre de poder y dominar a los demás, la injusticia, la irresponsabilidad frente a mí mismo, los demás y la creación son enfermedades, muertes, lepras y espíritus inmundos ante los cuales tenemos una tarea por curar, limpiar y expulsar en orden a la construcción del Reino de Dios en el corazón de los hombres.
Dios nos renueve en nuestro seguimiento de su Hijo Jesucristo, para que continuemos profundizando nuestra vida de fe, experimentemos y reconozcamos su salvación en nuestra vida y ser también sus testigos para llevar adelante su misión en medio del mundo. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 9, 36—10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.