REFLEXIONES
Julio 12 de 2026 XV Domingo Ordinario. Ciclo A
Lecturas del día
- Isaías 55, 10-11.
- Salmo 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14.
- Romanos 8, 18-23.
- Mateo 13, 1-23.
Saludo fraterno, familia y amigos.
Muchas veces el hombre se pregunta sobre la manera como Dios actúa en el mundo, incluso si actúa o no en medio de nuestras necesidades, de nuestra historia, del peregrinar hacia el futuro. Parte de la respuesta a esa pregunta se quiere matizar con la efectividad, con la lógica humana, con los resultados inmediatos, con la transformación mágica de las realidades humanas.
La cuestión es que Dios ni es mago, ni actúa como la lógica humana quisiera, ni violenta la libertad que Él mismo constituyó en el hombre, mucho menos va a violentar todo lo que implica su amor por nosotros, incluso por su creación.
Dios ha sembrado en el corazón del hombre múltiples semillas; pero además, jamás ha abandonado la obra de sus manos, la creación, ni mucho menos al hombre, cúspide de la misma. Dios, a través de su Palabra, se ha hecho cercano al hombre para salvarnos, para comunicarnos su vida, para mostrarnos su voluntad, para revelarnos su amor. Pero Dios se quiso hacer tan cercano a nosotros que no solamente nos reveló su Palabra, sino que se hizo uno de nosotros en su Hijo Jesucristo; muchas veces hemos orado en el Ángelus: La Palabra de Dios se hizo carne… y habitó entre nosotros.
La acción transformadora y salvadora de Dios en el mundo pasa por aceptar su Palabra, el Evangelio, aceptar a su Hijo Jesucristo. Pero en ese proceso, se requiere de parte del hombre un auténtico esfuerzo que denote sinceridad, una apertura y búsqueda sincera de la verdad que Él mismo nos revela, ya que en la entrada en el Reino de Cristo entra en juego la libertad del hombre.
En esa medida la semilla de la vida eterna, sembrada en el corazón del hombre, puede llegar a germinar o no. En el Evangelio de hoy Jesús nos muestra que depende de la bondad del corazón del hombre que esa semilla germine y de frutos. Es cuando vamos alimentando nuestro corazón de la Palabra de Dios cuando vamos descubriendo sus caminos en nuestra historia, caminos de vida, salvación, amor, servicio, justicia, solidaridad, transformación no solo del hombre, sino también de la familia, la sociedad. Depende de la colaboración y respuesta del hombre a su Palabra como esa acción divina será más profunda, transformadora y redentora.
Dios nos conceda la gracia de alimentarnos diariamente con su Palabra, responderle con sinceridad de corazón, una búsqueda permanente de la verdad y libremente seguir el camino del ser discípulos de su Hijo en medio del mundo. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
Mateo 13, 1-23
Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga.”
Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.