REFLEXIONES
Agosto 2 de 2026 XVIII Domingo Ordinario. Ciclo A.
Lecturas del día
- Isaίas 55, 1-3.
- Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18.
- Romanos 8, 35. 37-39.
- Mateo 14, 13-21.
Saludo fraterno, familia y amigos.
¿En qué gasto mi tiempo, mi atención, mi dedicación, mis esfuerzos, mis descansos, mi vida, mi dinero? Es la misma pregunta que hace el profeta Isaías en la 1ª. lectura, con otras palabras: “¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?” (55,2). Es una realidad que atraviesa toda la Sagrada Escritura, no solo el cuestionamiento sino también la respuesta que Dios ofrece a la humanidad.
La frase del Eclesiastés: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (1,2) y en realidad, todo el libro, nos invitan a centrar toda nuestra actividad en Dios, verdadero sentido de nuestra existencia. Todo es vacío cuando dejamos a Dios fuera, cuando lo hacemos ausente de nuestro diario vivir.
No es demonizar la realidad o las circunstancias tan humanas que vivimos, sino el buscar el verdadero equilibrio y sentido de nuestra existencia. Desafortunadamente, muchas veces caminamos por el mundo con hambre de sentido, de amor, de un horizonte que llene verdaderamente el corazón, imbuidos en un mar de cosas que no sacian, que no nos dan el verdadero norte, ni la verdadera felicidad, ni la trascendencia que anhela y habita en nuestro corazón.
El Evangelio de hoy nos muestra nuevamente esa imagen conmovedora de Jesús, que frente a la muchedumbre, se compadece, cura y la alimenta. Es la presencia real del amor de Dios por la humanidad, amor incondicional, sin pedir nada a cambio de antemano, amor que sana, redime, levanta, trasciende.
San Pablo nos recuerda en la 2ª. lectura que nada nos puede separar del amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo; ni siquiera los poderes más tenebrosos, ni la muerte; nada nos separa de su amor.
Dios nos fortalezca en el camino de la fe, para que la decisión de creer en Él sea cada vez más profunda, ilumine cada aspecto de nuestra existencia, nos veamos saciados de su amor, de su Palabra, del Pan Eucarístico, de su misericordia y así experimentemos diariamente en nuestra vida la salvación que Él nos ha traído y opera por el amor. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
Mateo 14, 13 – 21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.