REFLEXIONES
Agosto 16 de 2026 XX Domingo Ordinario. Ciclo A.
Lecturas del día
- Isaίas 56, 1. 6-7.
- Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8.
- Romanos 11, 13-15. 29-32.
- Mateo 15, 21-28.
Saludo fraterno, familia y amigos.
La fe es una dimensión humana que puede parecer muy simple, sencilla e incluso irrelevante; pero en realidad es difícil, compleja y tan amplia que no solamente engloba la vida, sino que es la que debe fermentar la existencia misma en todos sus aspectos, decisiones y realidades.
Nunca alcanzaremos a comprender totalmente lo que ella significa y las implicaciones que tiene en la vida personal, de pareja, familiar y social. No por eso podemos abandonar la tarea de conocerla más profundamente y crecer en el compromiso por llevarla a todos los aspectos de la vida.
¿Es la fe una realidad solamente espiritual, inmaterial o puede ser también tangible, concreta? La respuesta es sí, tiene las dos dimensiones, es un círculo que se va haciendo espiral ascendente en la vida del hombre: es un creer~obrar en consecuencia, y así sucesivamente. De hecho el texto nos dice que “la palabra está muy cerca de ti: está en tu boca, en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Deuteronomio 30, 11-14).
En la 1ª. lectura, la llamada en primer lugar es a “Guardar el derecho, practicar la justicia”; y todo aquel, aunque sea extranjero, es decir, aunque no pertenezca al pueblo de Dios, será parte de él; su oración será escuchada y sus sacrificios aceptados. Las acciones correctas de la vida harán válidas las prácticas de la fe, tendrán un verdadero contenido y sentido.
En el Evangelio nos encontramos con una escena de no creer: Jesús va a una región considerada “pagana”, es decir, de no creyentes, no pertenecientes al pueblo de Dios y se mencionan dos ciudades señaladas de malas e idolátricas. Allí, la súplica de una mujer cananea es ignorada completamente por Jesús, hasta el punto que los discípulos le piden que la atienda porque viene molestando a gritos.
La respuesta de Jesús encierra el pensamiento judío por siglos: la salvación es sólo para el pueblo de Dios. La mujer lo reconoce como Dios: “Señor Hijo de David”, se postra, se arrodilla ante Él para suplicarle por su hija que “tiene un demonio muy malo”, pero recibe una respuesta demoledora: es tratada como un perro. Era la mentalidad frente a los paganos.
La respuesta de fe en la salvación que ella ve en Jesús: “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”, hace que el milagro que ella desea, se vea cumplido; “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija”.
Una conclusión de muchas posibles: la fe no es solamente para los momentos pasajeros, sencillos y cómodos de la vida; allí puede parecernos normal, “fácil” creer en Dios y sus promesas.
Es con una fe profunda, inflexible, férrea, arraigada en Jesús y su Palabra, como vamos haciendo el camino cristiano, es allí donde nos vemos realmente saciados por el Resucitado que camina con nosotros, es allí donde nuestras lágrimas cobran sentido y se transforman en semillas de alegría, paz, plenitud y felicidad.
La fe es, precisamente, contra toda toda esperanza; es seguir confiando de Dios y su amor eterno, a pesar del mundo, del pesimismo, a pesar de las preguntas sin respuesta; es creer aunque nos parezca que la oscuridad nos sobrepasa; es creer aunque la muerte se haga presente; es creer aunque veamos a Jesús dormir en la barca en medio de la tormenta; es creer aunque el camino se vuelva desierto y las fuerzas parecen faltar. La fe es luchar aunque sientas el cansancio, la fe es prometerle a Dios que no te soltarás de su mano; es allí, solo allí donde nuestro corazón encontrará descanso y salvación. Amén.
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Miguel Angel Cortes
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
Mateo 15, 21 – 28
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel
Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.